вторник, Июнь 09, 2009



Y estas ganas de no hacer nada:

¿Qué hacer cuando no se quiere hacer nada, cuando no se puede hacer nada? Estar paralizados, de frente a una pared en blanco, con el mundo a tus espaldas, empujando duro tan duro que no puedes más, que quieres gritar, llorar, echar a correr. Pero ya no hay sitios hacia los cuales correr. Nadie te espera en ninguna parte. Estar en la nada, flotando sobre lava espesa. Si tan sólo se poseyeran las palabras, si nos fuera dado desnudarlas, volverlas a vestir, maquillarlas, cambiarles el peinado, la luz que las expone o esconde. Pero no hay palabras, no hay caminos. Sólo este montón de incertidumbres que no llegan ni siquiera a miedo, sólo este hastío de verte cada mañana en el espejo y no reconocerte. ¿Adónde te fuiste, cuándo, con quién? Esta mala copia tuya no tiene sentido, no quiere tenerlo tampoco. ¿Es mejor quedarse quieto, esperar a que alguna puerta se abra, a que el sol caliente el cuarto y confiar en que te calentará a ti también? No lo sé. Dudas, dudas y tantos tantos...

вторник, Октябрь 28, 2008


Por los inextricables caminos de los Comps.

Los mares del sur

(Cesare Pavese. 1930)
(A Monti)

Caminamos una tarde por la falda de un cerro, 

silenciosos. En la sombra del tardo crepúsculo 

mi primo es un gigante vestido de blanco, 

que se mueve pacato, con su rostro bronceado,

taciturno. Callar es nuestra virtud. 

Algún antepasado nuestro debió estar muy solo 

—un gran hombre entre idiotas o un pobre loco— 

para enseñar a los suyos tanto silencio.

Mi primo habló esta tarde. Me pidió

que subiera con él: desde la cumbre se divisa,

en las noches serenas, el reflejo del distante

faro de Turín. “Tú, que vives en Turín...”

me dijo, “...pero tienes razón. Hay que vivir la vida 

lejos del pueblo: se aprovecha y se goza; 

luego, al volver después de cuarenta años, como yo, 

se encuentra todo nuevo. Las Langas no se pierden” 

Todo esto me ha dicho y no habla italiano, 

pero emplea lentamente el dialecto que, como las piedras 

de esta misma colina, es tan abrupto 

que veinte años de idiomas y océanos distintos 

no han podido mellárselo. Y sube la cuesta 

con la misma mirada abstraída que he visto,
de niño, 
en los campesinos un poco cansados.

Veinte años anduvo viajando por el mundo. 

Se fue cuando todavía era yo un niño faldero, 

y lo dieron por muerto. Después oí a las mujeres 

hablando a veces de él, como en una fábula;

pero los hombres, más reservados, lo olvidaron.

Un invierno, a mi padre ya muerto, le llegó una tarjeta 

con una gran estampilla verdosa con naves en un puerto 

y deseos de buena vendimia. Causó gran asombro 

y el niño más crecido explicó con vehemencia 

que el mensaje venía de una isla llamada Tasmania, 

rodeada de un mar más azul y feroces escualos, 

en el Pacífico, al sur de Australia. Y añadió que en verdad 

el primo era pescador de perlas. Y arrancó la estampilla. 

Todos opinaron al respecto, mas coincidieron 

en que si no estaba ya muerto, pronto moriría. 

Luego todos lo olvidaron y pasó mucho tiempo.

Oh, desde que yo jugaba a los piratas malayos,

cuánto tiempo ha pasado. Y desde la última vez

que bajé a bañarme en un sitio mortal

y en un árbol perseguí a un compañero de juegos,

quebrando hermosas ramas, y le rompí la cabeza

a un rival y también me golpearon,

cuánta vida ha transcurrido. Otros días, otros juegos, 

otros sacudimientos de la sangre frente a rivales

más huidizos: los pensamientos y los sueños. 

La ciudad me ha enseñado temores infinitos: 

una multitud, una calle me han hecho temblar; 

un pensamiento, a veces, entrevisto en un rostro. 

Siento aún en los ojos la luz burlona 

de miles de faroles sobre el tropel de pasos. 

Entre otros pocos, mi primo regresó 

al terminar la guerra. Y tenía dinero. 

Los parientes murmuraban: “En un año, cuando mucho, 

se lo come todo y se larga.

Los desesperados mueren así.”

Mi primo tiene un semblante resuelto. Compró una planta baja

en el pueblo y construyó con cemento un taller 

con su flamante bomba al frente, para vender gasolina; 

y sobre el puente, junto a la curva, un gran letrero. 

Luego empleó a un mecánico que le atendía el negocio 

mientras él se paseaba por Las Langas, fumando.

Entretanto se casó en el pueblo. Eligió a una muchacha 

delgada y rubia, como las extranjeras 

que alguna vez encontró por el mundo. 

Pero siguió saliendo solo, vestido de blanco, 

con las manos a la espalda y el rostro bronceado; 

por la mañana iba a las ferias y con aire socarrón 

compraba caballos. Después me explicó, 

al fallarle el proyecto, que su plan 

había sido suprimir las bestias del valle 

y obligar a la gente a comprarle motores. 

“Pero la bestia” decía, “más grande de todas 

he sido yo al pensarlo. Debía saber 

que aquí bueyes y gentes son una misma raza.”

Hemos caminado más de media hora. La cumbre está cercana; 

aumenta en torno nuestro el murmullo y el silbar del viento. 

Mi primo se detiene de pronto y se vuelve: “Este año 

escribiré en el letrero Santo Síefano
siempre ha sido el primero en las fiestas

en el valle del Belbo, aunque respinguen 

los de Canelli.” Y sigue subiendo la cuesta.

Un perfume de tierra y de viento nos envuelve en lo oscuro; 

algunas luces lejanas: granjas, automóviles 

que apenas se oyen. Y pienso en la fuerza 

que devolvió a este hombre, arrancándolo al mar, 

a las tierras lejanas, al silencio que dura. 

Mi primo jamás habla de sus viajes. 

Dice parcamente que ha estado en tal o cual sitio 

y vuelve a pensar en sus motores.

Sólo un sueño 

le ha quedado en la sangre: una vez navegó 

como fogonero en un barco pesquero holandés, el Cetáceo; 

vio volar los pesados arpones al sol, 

vio huir ballenas entre espumas de sangre, 

perseguirlas, lancear sus colas levantadas. 

Me lo contó algunas veces.

Pero cuando le digo 

que está entre los afortunados que han visto la aurora 

en las islas más hermosas del mundo, 

sonríe al recordarlo y responde que el sol 

se levantaba cuando el día ya era viejo para ellos.

вторник, Март 25, 2008

LA FELICIDAD





Una tarde cualquiera. Buen tiempo -el invierno al fin se va, y la brisa fría que corre parece menos con el sol de regreso. Carmen y Mariana plantan algunas flores, al menos eso es lo que pretenden: en realidad se llenan de fango por todas partes. Cristián está sentado en algún banco y yo, de pie, tomo un té, preparado en una tetera bella que Cristián me acaba de regalar. Mami planta algunas flores en unas macetas, con la esperanza de que, en pocas semanas más, nos alegren la casa. Esta tarde he sido feliz. Y eso basta para vivir.

понедельник, Март 24, 2008

LOS 33 AÑOS A LOS QUE MI HERMANA NUNCA LLEGÓ




Hoy mi hermana cumple 33 años. Pero no está. Nunca estará. Casi nunca pasamos nuestros cumpleaños juntas. Desde muy temprano, a los 12 años, yo me bequé y ya casi nunca nuestros cumpleaños coincidieron. Casi nunca nuestras vidas coincidieron. Vi a mi hermana viva por última vez hace ya diez años. Ella tenía 23 y acababa de graduarse de Lengua y Literatura Francesa en la Universidad de La Habana. Su sueño era dedicarse a la traducción y tradujo alguna cosa de Marguerita Youcenar, creo. También escribió algún cuento en francés, con el cual ganó un premio en la Alianza Francesa de La Habana. Yo estaba y estoy tan orgullosa de ella.
Las cosas pudieron ser distintas. Tenían que haber sido distintas.
No puedo pensar en Yeli de manera fría, como si fuera ajena. No puedo aprender a lidiar con este dolor permanente, con esta impotencia de no poder cambiar las cosas, de tener que pensar siempre en pasado. Es vivir una vida incompleta. Estar completamente sola.
Si nos fuera dado elegir, yo hubiera cambiado cada día de esta tonta vida mía por la de ella, hubiera elegido morir yo.
Hoy su tumba está llena de mariposas.

понедельник, Январь 28, 2008



Razones para la nostalgia

Alguien habla de la falsa nostalgia. Pero hasta qué punto puede ser falsa la nostalgia. La Real Academia (rae.es) define la nostalgia como:

(Del gr. νóστος, regreso, y -algia).


1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.

2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Así la nostalgia es el sentimiento que nos une con las cosas perdidas, irrecuperables. Y en este sentido, todo lo pasado es irrecuperable, ya sea el minuto que acaba de transcurrir desde que comencé a escribir estas sandeces, o el minuto último de mi estancia en Cuba en el año 2004.

Hay espacios a los que puedo volver: a algunos amigos o amigas, a gran parte de mi familia, a ciertos rincones marcados por alguna magia especial, o en los que al menos yo, encontré cierta magia en cierto momento. Puedo, incluso, hacerme a la idea de que ciertas cosas no han cambiado, que puedo salir de la biblioteca, cruzar la calle, sentarme en el parque y sencillamente esperar por alguien que aparecerá, sin acuerdo previo. Pero la calle no es la misma. Y nosotros, "los de entonces, ya no somos los mismos" tampoco.

Puedo reconciliarme con mi pasado -además, uno no tiene otra opción si no quiere llegar a la locura-, tratar de entender el curso de la vida, las ausencias, los errores.

Uno puede ser más o menos propenso a la nostalgia, a la melancolía, a la tristeza. No hay discusión, sólo un hecho: lo pasado no regresa, por más que hagamos falsas imitaciones, por más que tratemos de reconstruir ciertos escenarios. Algo cambia: la forma en que la luz atraviesa el mismo árbol, los olores que van cambiando, los nuevos rostros que van poblando las mismas calles.

Yo siento nostalgia por todo mi pasado, el más lejano, el absolutamente irrecuperable, pero también por el de ayer: por la confianza perdida, la alegría truncada, la fe rota. Nada puede devolvernos lo que se perdió.

суббота, Январь 19, 2008

El año nuevo, mis 37 años





El 2008 no empezó ni mejor ni peor que cualquier otro año: fiesta con algunos amigos, algo de aburrimiento a más de 20 grados bajo cero, más nieve que de costumbre, miles de pendientes que aún siguen esperando -incluso los más urgentes-. Hace ya tiempo dejé de hacer propósitos de año nuevo, y de hacer balance del año que acaba. Antes, al filo de la medianoche, solía sentarme sola en algún rincón para repasar lo bueno y lo malo del año que terminaba, y ponerme metas concretas para el año por estrenar. Pero lo cierto es que casi nunca he cumplido lo que me he propuesto. Y por algún motivo que prefiero no averiguar, el fin de año dejó de tener ese hálito mí(s)tico de punto de giro, de cambio. Me he vuelto más pesimista, menos alegre, más patética, para resumir. A estas alturas lo único que creo es que ya no creo en nada -¿en nadie?-. Pero no es de mi "alegría" sempiterna de lo que quiero hablar, sino de mi cumpleaños 37: fue uno de los mejores cumpleaños que he pasado en los últimos años. Tal vez, el mejor cumpleaños de mi vida. Para empezar, recibí muchas felicitaciones (las que no recibí y esperaba me han dejado bastante triste), de muchos amigos regados por todo el mundo: Inglaterra, Perú, México, Cuba, EEUU of course. Mi prima Dayne me dio una sorpresa gratísima: me llamó desde Cuba -y para los que conocen de esto, saben lo que significa una llamada de Cuba-, y me puso una grabación de Felicidades en tu día. Fue lindo: yo contesté el teléfono y ella, cambiando la voz, me dice, "un momento, le van a hablar", y acto seguido, la grabación de la canción y toda mi familia cantando al unísono. Luego fuimos con algunos amigos cubanos muy pero muy queridos: Arturo, con quien estudié en la Universidad de La Habana; Tania, a quien conocí hace poco pero ya está dentro de mis afectos más gratos, y Narda, la prima de Yis, quien a últimas fechas se ha convertido en más que la prima de mi mejor amigo, para ser mi amiga también. Recibí regalos muy cálidos, muy significativos: Narda me regaló un anillo de oro suyo que tenía desde su estancia en Guyana. Este gesto me conmovió mucho porque es algo que ella se quitó para darme a mí como muestra de amistad. Arturo me trajo un recetario de tapas de España; él conoce mi gusto por la cocina y por inventar platos nuevos. Ahora me toca probar las recetas españolas. Y Tania me trajo de la Florida un abrigo rojo precioso: uno de mis colores favoritos. Estuvimos tomando y comiendo pan y queso y hablando y riendo desde adentro hasta las cinco de la mañana. -No sé cómo pude levantarme al día siguiente a las 8 am para llevar a Marianita a su escuela, con la calle cubierta de nieve y el carro resbalando-. No recuerdo cuándo fue la última vez que pasé una noche en vela divirtiéndome. Fue hermoso estar rodeada de gente que me quiere y me hace sentir bien. No pude evitar llorar: por la alegría de tener amigos tan buenos, por la tristeza de los que están lejos, por los que están, por los que nunca más estarán. Me hubiera gustado que mi mamá fuera más efusiva y su felicitación más cálida; que Mariana me hubiera regalado alguno de los dibujos que todos los días me regala. Me hubiera gustado que otros amigos se hubieran acordado: Dare, Jose, Silvia, Ruth, Laura... pero en fin, todos andamos demasiado ocupados siempre, y yo misma he olvidado fechas importantes y cumpleaños que no debería haber olvidado. Me hubiera gustado que Yeli estuviera viva, que mi papá también. Este año se cumplen ocho años de la muerte de mi hermana, y siete de la de papi, pero para mí el dolor sigue igual que el primer día. Pero hay que seguir. Cada quien con su baúl de tristezas, de fantasmas que reaparecen de vez en cuando, o que nunca más aparecerán. Con las esperanzas, los buenos deseos, la buena fe.

пятница, Январь 11, 2008




Am I Marxist?
A Brief Approach to Marxist Literary Theory

Culture in general and literary production in particular, is not separated from politics. As an ideological apparatus to reinforce power, or an instrument of dissidence –accusing or silencing specific areas of reality-, culture has a very active role in society. I agree with the Marxist idea of an unbreakable connection between literary and cultural production, and its historical context. I do not think there could be a literary work which reproduces all of society in a specific period of time, because it would be like a map of a city with the actual size of that city, completely covering its own representation–like in Borges’ story-. But at least, each literary work, even those that seem “innocent” or divorced from the context, through language is focusing in part(s) of that reality, of that specific context. In this sense, I subscribe to Bakhtin’s statement: “language is… a concrete heteroglot conception of the world. All words have the ‘taste’ of a profession, a genre, a tendency, a party, a particular work, a particular person, a generation, an age group, the day and the hour” (676).
Marx focused on economic production and how capital functions in the society. I found his concept of commodity very useful: “an object outside us, a thing that by its properties satisfies human wants to some sort or another” (665). It explains why, in order to exist, Capitalism has to constantly create new necessities to keep capital in circulation, and does this through marketing. In this sense, I believe we should re-think the whole concept of ‘state’ and the intellectuals as functionaries of that state –according to Gramsci (673) in the present society. We witness the birth of a third class, the consumer class, which is not as related to production of commodities as to their consumption, so the ideology is focused in “feeding” that class with (false or real) necessities.
Bakhtin believes that the heteroglossia of language is always evident in a novel and I agree with him. He states: “the novel orchestrates all its themes, the totality of the world of objects and ideas depicted and expressed in it, by means of the social diversity of speech types”(674). It expresses the idea of the novel as a miniature universe in which we find traces of other universes inscribed in it. In this sense, the author is the purveyor of a specific ideology, which he expresses through his literary work, either accusing, silencing or just describing. Macherey talks about the silence in a literary work as an entity full of meaning. But he states that: “we can see that meaning in the relation between the implicit and the explicit, not on one or the other side of that fence” (706).
Zizek states that “an ideology really succeeds when even the facts which at first sight contradict it, start to function as arguments in its favor” (724). And according to Althusser, each society has specific ideological apparatuses to form, to spread and to maintain the power through the dissemination of a specific ideology. The function of the ideology, at the end, is to sustain the reproduction of the productive apparatus itself, so as to keep classes happy in the realm of their own class.

Limits of the Marxist approach –or what I think are their limitations-:
We need to be aware that a literary text does not exist just to be (re) interpreted by critics, but to be read by the public, to be sold as merchandise, as a commodity. It exists in relation with the reader; it was written, at first instance, to be read, and in order to be read it becomes merchandise. At entering the marketing, it follows its rules and becomes a consuming product. When talking about how a text is read, in the case of Macherey’s essay, for instance, analyzing those zones of silence is just one of the different levels of reading or interpreting a text. We also have to take into consideration how the text is written, I mean, if it is an allegory of something else, if it is talking in codes or if it is explicit. When the reader confronts a text, there is always a process of deciphering something. That is why a text is always a new reading –and of course, I am just hyperbolizing the matter-, or at least, it could bring us news in a second or third reading. Each reader would have a different experience with the same text, since each reader would approach the text with a specific and peculiar point of view.
I think that trying to interpret what the author says in a specific literary work is a difficult task since the silence, the allegories, everything, could be just a fictional and intentional game. I mean to say that sometimes the critic or the reader could have a divergent interpretation of the literary work.
When talking about the ideological State apparatuses, Althusser states, “each of them was the realization of an ideology… being assured by their subjection to the ruling ideology… an ideology always exists in an apparatus, and its practice, or practices. This existence is material” (695). Even though I agree with this idea, I feel that there is something left outside: the possibility of the existence of ideology out of the apparatuses’ limits. I think, for instance, in the Zapatista Movement in Southern Mexico: it has its own apparatuses outside of the national government; it is like a parallel world within the realm of another system that confronts it all the time. So, the Zapatista Movement subverts the power and has an agency role which is not well explained in Althusser’ essay.
I think that in the same way Bakhtin talks about how we live in different languages, and how there is a language of the day, of the professional group, of the people of the same age, etc, etc, we live in different ideologies even when there could be a predominant one –such as the consumerism’s ideology today-. Zizek says: “an ideology is really ‘holding us’ only when we do not feel any opposition between it and reality… when the ideology succeeds in determining the mode of our everyday experience of reality itself” (723). Nevertheless, I wonder if there is such coherence in a subject, in an ideology, that makes human beings to accept an ideology without challenging it. Maybe I am just talking by myself: I have the tendency to question everything and I believe human beings are many in one, as in Steppenwolf by Herman Hesse.


Other ideas that did not fit in the previous two pages:
- My main question on Marxist theory is what would be the next theory to interpret the world. With all its weakness, there has not been another theory that explains better how societies function. I recognize that I have little to criticize about Marxism because I agree with it more than I disagree.
-Why, for instance, we –thinkers- earn more money than people who build houses? Is our labor more important than theirs? NO! But we are part of the ideological apparatuses of the state. We have a function: to help to keep an order. Are we more intelligent, capable or better than they? NO! But we are led to think so in order to “justify” our place in society and therefore, to play our political/ideological role. Of course, we could have a dissidence role also.
-Marx says: “The existence of revolutionary ideas in a particular period presupposes the existence of a revolutionary class” (657) and according to him, this ‘revolutionary class’ could arise because of the own contradictions within the ruling class, between the ‘thinkers’ and the active part of this class. However, according to him, this contradiction fails to develop further when that ruling class realizes it is endangered. I do not agree with this idea because reality is more complex than that.
-When Macherey talks about “the classic problem of interpretation of latent meaning” (704) I think we need to see the reader as an agency because the interpretation depends on the reader –which takes us back to the problem stated by Bakhtin among reader, reading and the text. So, we need a convention (or at least, to accept that could be more than one convention) to approach a literary text. At this point, I feel I need to look back to Johnson’s ideas on Writing: the text is a dialogic instance: it always could be re-read, re-interpreted, re-appropriated and so on.
-Even when I did not talk about this in the first page, I have to say that I find Bakhtin’s ideas on language and heteroglossia very attractive and useful, specifically when he states: “the topic of a speaking person takes on quite another significance in the ordinary workings of our consciousness, in the process of assimilating our consciousness to the ideological world. The ideological becoming of a human being, in this view, is the process of selectively assimilating the words of others” (682). At the same time, I think that language could be –and in fact it is- a political and ideological instrument.
-When I first read Bakhtin’s essay, I was not aware from where nor when he wrote it; knowing this (his essay was written in the 30’s) gives another approach to the text as an essay that actually talks about totalitarism and Stalinism. When reading Bakhtin’s essay on carnival, I was thinking about a Peruvian movie I watched just a few weeks ago: Madeinusa, which retells the story of an indigenous community during part of the holy week –from God’s death to his resurrection- when people could do everything since God is dead and does not see the people’s sins. It is, in some way, the same base of the carnival: the subversion of the traditional values.

Bibliography:

Rivkin, Julie and Michael Ryan. Literary Theory: An Anthology. Oxford: Blackbell Publishing, 2004.